Aunque ahora parece que la calma ha vuelto (y esperemos que siga así para siempre) la semana pasada alcanzó su punto más alto esa guerracivilista que parece que de unos meses a esta parte nos hemos introducido (vamos a meternos todos, todos somos madridismo) toda la familia blanca.
Apoyar a Iker Casillas no es apoyar a Jose Mourinho y viceversa, quién apoye a Benzema debe criticar a Higuaín y también al revés, y escabrosos ejemplos como esos.
Como pongo en la descripción de este blog, que intento que sea de todos los madridistas que me siguen, y no sólo mío, no pretendo engañar a nadie, y sería hipócrita decir que yo personalmente desde que Higuaín llegó al club siempre le he tenido especial cariño, siempre lo he visto como aquel que tiene que dar el doble para que le reconozcan la mitad, que se ha hecho grande aquí, prácticamente un canterano (sólo había jugado media temporada en Argentina antes de recalar en nuestro club) y que siente los colores como el que más.
Pero no quiero hacer apología del Pipa, cada uno tendrá sus gustos, como los muchísimos que prefieren a Benzema, por su infinita clase y finura, su ascendente crecimiento, sin preveerse un techo, esa brillantez que cada vez ilumina más, y están en su perfecto derecho.
Otro ejemplo, como el que mencioné al principio, es ese maldito tema sonado la semana pasada de Iker vs Mou. No, me niego. Soy del Real Madrid desde pequeño, me he quedado sin cenar innumerables veces, he llorado con los éxitos y derrotas de este club, me he puesto la camiseta orgulloso los días de dolorosas eliminaciones, y he hecho malabares para estudiar las horas previas / posteriores y poder ver el partido, fuera el que fuera, aunque se tratara de uno normal de Liga o incluso amistosos. Así que no consiento que nadie me diga qué clase de madridista soy, y espero que estéis de acuerdo conmigo. Soy de Iker Casillas a muerte, y soy de Mourinho a muerte. Soy de Higuaín a muerte, pero también soy de Benzema. Lo de menos son los gustos personales, si bien cada uno, dentro de esos grupos, tendrán sus favoritos, como todo en la vida. Pero desde aquí hago un llamamiento: no nos enfrentemos entre nosotros mismos, que bastante mierda nos echan desde fuera ya. Soy de todos y cada uno de esos, y de los que no he nombrado, porque cada uno de ellos, cuando sale al campo, lleva una camiseta blanca y un mismo escudo, y yo, y espero que vosotros, soy de ese escudo por encima de cualquier nombre.
Aún así, no importa que no estéis de acuerdo con este artículo, de verdad. Lo que importa es que, cada partido, desde vuestras casas, o los que tengan la suerte de ir al estadio, apoyen a muerte al jugador que lleva al balón, o a la persona que indique desde el banquillo, porque cada una de esas personas representa al Real Madrid.
Hasta El Final, Vamos Real
martes, 31 de enero de 2012
jueves, 26 de enero de 2012
El que siempre vuelve, el que nunca se va.
En el partido de vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey, el Real Madrid demostró por qué se dice aquello de que siempre vuelve.
Parece que haga falta que todo se ponga en contra, que se desate una absurda guerra civil interna cada vez mayor (de la que hablaré en próximas entradas), que algunos crean que vamos al Campo Nuevo como corderos al matadero, que no nos den ninguna posibilidad.
Porque el Real se las inventa.
Y eligió el lugar indicado para hacerlo. Delante del equipo que en teoría mejor fútbol hace, con un marcador (y lo que no es marcador) tan en contra, el Real dio una lección de entereza, garra, fuerza, fe... fútbol. Fútbol del bueno, del que se dejan la vida tras el balón, de las coberturas y el apoyo al compañero, pero sobre todo dio una lección de cómo hay que levantarse. Levantarse tras las adversidades, tras fallar una clarísima ocasión a los doce segundos, tras que el azar quiera destrozar lo que podría haber sido un gol antológico desviando un misil a la misma escuadra, de sentarse en el vestuario al descanso sin comprender cómo se va perdiendo 2-0 un partido que deberías ir ganando con claridad.
Tal vez alguno dejó de creer, pero ellos no. Ese escudo impide hacerlo.
Y no, no había que apelar al espíritu del gran Juanito, ni enconmendarse a la Cofradía del Clavo Ardiendo, ni nada de ese estilo. Simplemente había que recordar quienes somos.
El sábado espero que todo el Santiago Bernabéu aplauda a este equipo, porque nos ha demostrado que, cuanta más adversidad haya, más grande se hace.
Desde Don Santiago hasta Raúl González, pasando por Pirri o el antes mencionado Juanito. Ellos no permitirían que fuera de otra forma.
En el partido de vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey, el Real Madrid demostró por qué se dice aquello de que siempre vuelve, pero yo no estoy de acuerdo.
El Real Madrid nunca se va.
Parece que haga falta que todo se ponga en contra, que se desate una absurda guerra civil interna cada vez mayor (de la que hablaré en próximas entradas), que algunos crean que vamos al Campo Nuevo como corderos al matadero, que no nos den ninguna posibilidad.
Porque el Real se las inventa.
Y eligió el lugar indicado para hacerlo. Delante del equipo que en teoría mejor fútbol hace, con un marcador (y lo que no es marcador) tan en contra, el Real dio una lección de entereza, garra, fuerza, fe... fútbol. Fútbol del bueno, del que se dejan la vida tras el balón, de las coberturas y el apoyo al compañero, pero sobre todo dio una lección de cómo hay que levantarse. Levantarse tras las adversidades, tras fallar una clarísima ocasión a los doce segundos, tras que el azar quiera destrozar lo que podría haber sido un gol antológico desviando un misil a la misma escuadra, de sentarse en el vestuario al descanso sin comprender cómo se va perdiendo 2-0 un partido que deberías ir ganando con claridad.
Tal vez alguno dejó de creer, pero ellos no. Ese escudo impide hacerlo.
Y no, no había que apelar al espíritu del gran Juanito, ni enconmendarse a la Cofradía del Clavo Ardiendo, ni nada de ese estilo. Simplemente había que recordar quienes somos.
El sábado espero que todo el Santiago Bernabéu aplauda a este equipo, porque nos ha demostrado que, cuanta más adversidad haya, más grande se hace.
Desde Don Santiago hasta Raúl González, pasando por Pirri o el antes mencionado Juanito. Ellos no permitirían que fuera de otra forma.
En el partido de vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey, el Real Madrid demostró por qué se dice aquello de que siempre vuelve, pero yo no estoy de acuerdo.
El Real Madrid nunca se va.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)